Querido diario

No puedo dar crédito de lo que me pasó ayer en la boda de mi prima Silvia, yo que con tanto tiempo de anticipación que preparé mi outfit. Compré un boleto a Paris para recorrer la tiendas por todo un fin de semana, adquirí la revista Vouge durante año y medio re-li-gio-sa-men-te, mandé pedir catálogos de telas francesas, para elegir el atuendo perfecto para presentarme en las bodas de mi prima, ella siempre ha sido la más criticona y no iba a permitir por ningún motivo que alguien ahí se viera mejor vestida que yo, ni si quiera la novia misma.

Tampoco iba a permitir bajo ningún motivo que ninguna de ella me viera llorar es por eso que en lugar de lágrimas mandé a engarzar dos docenas de perlas finas con mi joyero de confianza. Saqué del congelador la pluma negra de ave exótica importada de África para engalanar mi peinado. La tela de mi vestido parecía hecha de un humo místico y satinado.

Yo me sentía segura, firme de presentarme ante mi prima Silvia y todas sus amigas, oh querido diario, tú mejor que nadie sabes por todo lo que he tenido  que pasar. Me arreglé, me puse la pluma y el collar, mi vestido negro era más que perfecto, yo me sentía soberbia, no podía dejar de verme en el espejo, hacía años que no me miraba a mí misma como la más soberana, tomé el perfume, lo puse en mi cuello y en mis muñecas, retoqué las pestañas mientras agarraba aun más valor para dirigirme hacia la boda en la playa.

Entré al lugar partiendo plaza la gente se sorprendió al verme, tardaron en reconocerme, toda la gente se fue haciendo a un lado para dejarme pasar, al final estaba mi prima Silvia vestida de blanco perfecto, idéntica que yo, con el mismo vestido, la pluma y todo, pero de blanco.

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